El fichero de tu congregación, sus ministerios y quién sirve en cada uno, en un sitio al que llega tu equipo desde el móvil. Con la página pública de tu iglesia incluida.
Se empieza con un periodo de prueba. No hace falta tarjeta para registrarse.
Cada persona con su ficha, su situación y cómo localizarla. Con buscador y filtros, para dejar de mantener listas en paralelo.
Cada equipo con su responsable, sus colíderes y quién sirve. El líder lleva el suyo sin que le abras la congregación entera.
Pide unirse desde tu página, tú lo apruebas y entra en el fichero. Sin apuntar nombres en el móvil a la salida del culto.
Secretaría, líderes, tesorero. Cada uno ve lo que le corresponde y ni una fila más, y lo decides tú persona a persona.
Saber que alguien pertenece a una congregación dice algo de sus creencias, y la ley lo protege igual que un dato de salud. Una fuga entre iglesias no sería un fallo a corregir el lunes: sería una brecha que hay que notificar.
Por eso el aislamiento no está en el código de la aplicación, donde un descuido lo salta, sino en la propia base de datos: aunque la aplicación pidiera por error los miembros de otra congregación, la base devuelve cero filas.
Se comprueba en cada cambio con una batería de pruebas dedicada a eso solo.
Hay una congregación publicada en el directorio. Búscala, mira sus horarios y pide unirte.
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